Mirar la Catedral de Cádiz es contemplar 116 años de historia viva tallada en piedra frente al Atlántico. Empezó a levantarse en 1722, en pleno auge del comercio con las Indias, y terminó en 1838 cuando la riqueza colonial ya se había esfumado. Esa transición económica quedó grabada a fuego en su propia piel: abajo, la elegancia del mármol y el estilo barroco; arriba, piedra caliza más humilde y sobriedad neoclásica.